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Protagonista incuestionable del mapa vitícola en la Patagonia Norte, Bodega del Desierto es la única bodega de la provincia de La Pampa. Muchos se preguntarán por qué una bodega pampeana es considerada patagónica. Sucede que la provincia cuenta con una variedad de geografías y climas diferentes: al extremo noreste exhibe las últimas caracterizaciones
de la Pampa Húmeda bonaerense, mientras que en el extremo sudoeste ofrece los signos distintivos desérticos de la Patagonia.

Bodega del Desierto nació en el año 2000, cuando la familia propietaria decidió, después de un riguroso estudio de suelos y clima, realizar las primeras plantaciones de vid en la zona. El Río Colorado fluye desde su nacimiento en la Cordillera de los Andes con vocación de aportar sus aguas para la agricultura, y la de marcar el único limite cuatripartito de nuestro país, entre las provincias de Mendoza, Neuquén, La pampa y Río Negro. La acción erosiva de su cauce aporta los suelos arenosos, profundos y aluvionales en su porción del Alto Valle, donde se han implantado los viñedos de Bodega del Desierto.

 

Son suelos con bajo contenido de materia orgánica, condición esencial que restringe el crecimiento y propicia una viticultura de calidad. El riego por goteo es vital, ya que el promedio anual de precipitaciones es de 180 mm.

No hay duda que las condiciones del suelo y clima son rigurosas. El clima es continental, con temperaturas de moderadas a frías, y una marcada amplitud térmica. Esta diferencia de temperatura entre el día y la noche, de aproximadamente 18°, es uno de los factores más buscados y relevantes para la viticultura de calidad ya que ayuda a que las uvas tengan una maduración ideal, con un buen nivel de azúcar y concentración de ácidos, color y compuestos aromáticos. A unos 330 metros sobre el nivel del mar, la amplitud térmica está dada por la latitud sud de los viñedos, que cuentan con mucha luminosidad y vientos que favorecen la sanidad de las uvas.

La bodega nació con la finalidad de producir uva para vender a otras bodegas, pero el espíritu pionero de la familia propietaria pronto se plasmó en la elaboración de vinos con marca propia, motivados por la alta calidad de la primera cosecha. El enólogo Sebastián Cavagnaro es quien lleva adelante el seguimiento del viñedo y el día a día de los vinos y los espumantes (Desierto 25, Desierto Pampa y Pampa Mía) contando desde el año 2003 con el asesoramiento integral del enólogo americano Paul Hobbs.

¿Qué variedades se destacan en La Pampa y porque pensás que esto es así?

- En general, todas las variedades cultivadas en La Pampa se desarrollan estupendamente, pero el entorno ecológico parece tener “algo especial” con Cabernet Franc, Malbec y Sauvignon Blanc. Las tres logran combinar sus rasgos más típicos con la impronta del terruño en términos de franqueza y expresión aromática.

¿Cómo ha sido la evolución de los viñedos desde su plantación a la fecha?

- La aridez extrema y el aislamiento de la región producen varios efectos altamente beneficiosos para viñedos de alta calidad, pero los más interesantes son dos: uno, obviamente, es la sanidad absoluta, y el otro consiste en la maduración lenta, paulatina y prolija de las uvas, que permite cosechar cada variedad en el momento óptimo según el vino que se va a elaborar.

¿Cuál es, a tu entender, la característica más distintiva de los vinos de la bodega?

- Sin dudas, la originalidad. Ser la única bodega del Alto Valle del Río Colorado es un elemento singular y distintivo. Y esto, más allá de la mera curiosidad geográfica, se nota mucho en los vinos. En una vitivinicultura que avanza inexorablemente hacia la globalización, un terruño tan especial como el nuestro constituye la marca perfecta de identidad que nos hace únicos y diferentes.