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Libros, cine y vino para maridar la vida

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OSVALDO SÁNCHEZ SALGADO | BARILOCHE
Osvaldo Sánchez Salgado se descubre a sí mismo en una invitación hacia su pasado, su reconocido presente y aquellas pasiones con las que prefiere, desde siempre, maridar la vida. De libros para colorear a grandes autores de la literatura universal, de películas clásicas al inacabado mundo del cine. De la cocina casera a la grande cuisine como uno de sus mayores placeres. De periodista y editor general de importantes medios a periodista especializado en vinos y creador de la Experiencia Gourmet que recorre toda la Patagonia Norte desde 2004.
 

Amigo y confidente de la baronesa Ruth Von Ellrichshausen, llegada a la argentina en los años ´50, creadora de la prodigiosa cocina del histórico hotel El Casco de Bariloche, Osvaldo Sánchez Salgado se da tiempo para homenajearla a un año de su partida. Así prefiere comenzar esta entrevista, recordando un puñado de momentos en los que ambos, copa de por medio, rieron hasta que les doliera la panza.

Amantes incondicionales del buen gusto y la cultura general, el amor y la vida matrimonial siempre estuvieron entre sus temas favoritos. Pensar que Ruthy, como él la nombra cariñosamente, inspiró un libro entero de recetas con ingredientes suficientes para dos –recién casados-. “Fue una mujer de femineidad y delicadeza exquisitas, cuya historia de amor junto al barón Alfred fue única”, repasó Osvaldo.

Como anfitriona, el periodista recordó su delicadeza al obsequiar rosas frescas a las damas y cigarros a los caballeros que visitaban su restaurante “Le petit restaurant” sobre la Avenida Bustillo y estar en cada detalle de la decoración como punto de partida hacia un amor –de pareja- que debía durar toda la vida. “Le decía que todo eso era anticuado, déjà vu y que los tiempos habían cambiado pero, no pude convencerla”, confesó Osvaldo. “Las mujeres ya no esperan elegantes a sus maridos y con una copa de champagne, Ruthy”, le indicaba convencido. “Sin embargo, con su característica inteligencia basada en el buen humor, volvía a revolotear mis pensamientos al afirmarme que: Osvaldo, si un día él quisiera irse con otra pues yo lo dejaría. Al tercer día que le presentaran salchichas con puré vendría corriendo a mis pies. No olvides que el camino más corto que lleva al dormitorio, pasa por la cocina”, relató el periodista especializado en vinos, dueño de un carisma inconfundible. Ambos tejieron fuertes lazos de amistad, compartiendo además extraordinarios momentos durante los viajes de Ruth a Buenos Aires, haciendo de cada cena con amigos una gran fiesta. “Fue una mujer sin edad y me considero un dilecto alumno de ella”, manifestó.

Una infancia casi literaria

Osvaldo creció en el barrio San Patricio de Buenos Aires. De niño recuerda a su padre, Santiago Sánchez, diseñar zapatos a medida en su taller montado en un cuarto de la terraza, desde el cual vestía a grandes estrellas. “Era muy buen artesano”, aseguró. El colegio era un lugar especial para él, le gustaba, en especial las asignaturas Francés –idioma que habla a la perfección- y Latín. “La educación fue como me gustaría que vuelva a ser ahora, con todos los familiares comprometidos con la educación y la crianza de los chicos de la familia”, manifestó el devoto lector.

“¡De pronto comenzábamos con las enfermedades eruptivas de los niños y no había forma de mantener en la cama a los conejos!”, recordó con gracia, comparándose de pequeño junto a su hermano con estos traviesos animalitos. “Nos traían libros fantásticos para colorear, de aquellos que se troquelaban. Además papá me llevaba mucho al cine: esa pasión la heredé de él. Cuando tenía 5 o 6 años íbamos a ver películas de grandes, no solo Dumbo, Bambi, o 20 mil leguas de viaje submarino, sino también La vuelta al mundo en ochenta días (1956), basada en la novela de Julio Verne o El viejo y el mar (1958), basada en el libro de Ernest Hemingway. Para mi generación no había cultura completa sin cine. Nos encantaba. Ya no podría concebir mi vida sin los libros y las películas”, destacó.

Al crecer, su padre dejó de diseñar zapatos y montó una distribuidora de alimentos. Pero el cine seguía ahí, inamovible entre sus placeres, comparable, por qué no, a la bellísima obra literaria Cine Club, de David Gilmour, donde padre e hijo llegan a un trato poco convencional cuando el adolescente se niega rotundamente a seguir asistiendo al colegio y hace hasta lo imposible para convencer a su padre. Preocupado por la cultura de su hijo, acepta la situación y se lo lleva a vivir con él. Jesse podía dejar de ir al colegio, dormir todo el día, no trabajar, no pagar alquiler pero, a cambio, tenía que mantenerse alejado de las drogas y ver tres películas a la semana con su padre, el crítico de cine canadiense David Gilmour. Jesse aceptó de inmediato y al día siguiente comenzaron con la primera película de la lista: Los 400 golpes, de François Truffaut. A lo largo de tres años ambos habían disfrutado de todo tipo de obras, desde las consideradas joyas del cine hasta los grandes bodrios de todos los tiempos. “Diría que es un homenaje a mi padre”, confiesa el cinéfilo. La diferencia con Osvaldo por supuesto es que la escuela secundaria no lo desencantaba para nada. Asistió al Normal N°2 Mariano Acosta, donde pasaron personalidades de la talla de Julio Cortázar. “La universidad la cursé de noche. Mi padre había enfermado y debí comenzar a trabajar. No obstante, concluí exitosamente la carrera”, aclaró Sánchez Salgado, licenciado en Relaciones Públicas.

Entre el periodismo y la gastronomía

Creo que una nueva profesión me estaba por descubrir a mí. Trabajaba para grandes medios y en todos escribía lo que se me ordenaba. En la Editorial Atlántida, recuerdo, no podía regresar a la oficina sin la nota, fuese el tema que fuese, incluso del nicho deportes”, resumió Osvaldo, abriendo grandes los ojos frente a esta última especialidad. El periodismo le permitió incursionar en casi todas las temáticas. La gastronomía no fue la excepción. “En el invierno de 2004 La Rural Rutini me convocó para hacer un único evento en el Lla-Llao Resort, al que llamó Semana Gourmet La Rural y que solo se ajustaba a las instalaciones del hotel ”, resumió. “Fue tan bueno que la bodega decidió reproducirlo por dos temporadas más. Sin embargo, no quedó ahí: con algunas intervenciones logramos que se continuara. Revimos fechas, metodologías y la posibilidad de incluir a otros establecimientos, incluyendo a Llao-Llao pero facilitando el acceso en otros puntos de la ciudad ”, dijo.

Fue así que a partir de 2007 la exitosa propuesta pasó a llamarse “Experiencia Gourmet Rutini Wines” y su objetivo se enfocó en la búsqueda de nuevos caminos para comunicar el vino –en general-. Actualmente el representante de la bodega mendocina es recibido en los mejores restaurantes, vinotecas y hoteles de toda la Patagonia Norte. Los productos presentados se llevan buena parte del protagonismo pero la vinicultura es tan amplia que hasta los dioses de la antigüedad, en especial Dionisio y Baco, se inmiscuyen en los juegos de cata, degustaciones y cenas con maridaje.

La inspiración de cada charla

Cuando uno recibe la tarjeta personal de Osvaldo puede observar su nombre completo, dirección y teléfono fijo bien legibles debajo del nombre –en letra grande- Gulliver. Por un lado destacamos que no está sujeto a redes sociales ni depende de un teléfono celular. Al respecto no hay datos. Por otro, debíamos sospechar que algo se traía entre manos con la afamada historia del personaje que transcurre sus aventuras entre la realidad y la irrealidad.

Los seres humanos afrontamos problemas y dificultades de todo tipo, de aquí que aprovechamos para recrear durante dos horas, un ambiente en donde la gente deje fuera sus problemáticas y se entregue a viajar culturalmente haciendo caso omiso a la realidad, que no siempre tiene buena cara”, explicó Osvaldo. “De aquí que mi tarjeta convoca a este maravilloso personaje. Y respecto a las redes sociales mejor no hablemos. Ya lo dijo el chef brasileño Alex Atala: la mejor y más poderosa red social es la cocina”, destacó con su punzante ojo crítico.

Sus charlas transcurren alejadas de tecnicismos. Se siente a gusto cuando la gente ríe y disfruta con buenos vinos y recetas de por medio. Sin embargo, nada de cháchara. El conductor prioriza que muchos de los datos que imparte ayuden al público a entender y valorar el vino como un producto noble y de antiquísima existencia. Asimismo, encuentra que cada vez más mujeres asisten a las degustaciones, no sin recordar al género femenino como blanco de severas restricciones impuestas por los hombres. “Pensar que hasta hace no más de 30 años las mujeres tenían prohibido el alcohol, aun teniendo un hombre al lado que se cayera de borrachera. Siempre esa cosa anticuada de justificación para el hombre y penalización para las mujeres”, sentenció Sánchez Salgado. “No hay escena más hermosa para mis ojos que dos mujeres sentadas frente a una copa de vino contándose sus cosas”, aseguró.

Por su parte manifiesta rotundamente su descontento frente a aquellos que siguen afirmando que el vino blanco es vino de mujer. “No hay que decir nunca más eso, hay un sin número de perfiles femeninos y muchísimas que están enamoradas del tinto. El vino no tiene género adjudicado”.

Periodismo gastronómico en estos tiempos

De los medios impresos al periodismo digital se viene gestando una brecha profunda, convirtiéndose ambos en un buen resumen de los avances y retrocesos de nuestra sociedad. “Los tiempos han cambiado y ese cambio repercute en todos los ámbitos sociales. Al periodismo actual le falta lectura. Es monótono. Jamás encuentro menciones literarias, cinematográficas o históricas”, analiza Sánchez Salgado. “Por citar un ejemplo: Paz Levinson, hija de San Carlos de Bariloche. Ella no sólo es una gran sommelier a escala mundial: es profesora de Letras, amante de la poesía. Hay que tener intereses más allá de los fuegos y las espátulas. Los periodistas gastronómicos que logren ensamblar distintos ingredientes, resultarán interesantes”, asegura.

Sánchez Salgado jamás se cansa de visitar la Patagonia. Durante el verano ofreció degustaciones guiadas y maridajes en una treintena de establecimientos, comenzando la gira de la temporada en el Alto Valle, para continuar como es tradicional en San Martín de Los Andes, Villa La Angostura y Bariloche. Fiel admirador de la inmensa belleza natural, encuentra en ella un lugar ideal para redescubrir aquellas pasiones con las que prefiere, desde siempre, maridar la vida: la literatura, el cine y el vino.

 
 

No buscamos grandilocuencias, sí que este proyecto se sostenga en el tiempo”, declaró Bárbara. La familia se agranda por lo que ésta historia que refracta talento local muy probablemente sea relatada por las sucesivas generaciones. “Así como nuestros padres trasmitieron con amor el oficio, así queremos que cada pieza lleve a la mesa todo tipo de especialidades. El amor y la dedicación es la base de este proyecto”, concluyó.

 
 

PARA DEGUSTAR

Alguien dijo alguna vez que soy un animador cultural”, responde Osvaldo Sánchez Salgado cuando se le piden algunas recomendaciones fílmicas o literarias. Fanático de la pantalla y la magia de los proyectores, el periodista realiza ciclos de cine desde hace más de 25 años por lo que, encantado, sugiere algunas obras para degustar.

 

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