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El primer chocolate de San Martín de los Andes :: MAMUSIA

      

POR MOIRA TAYLOR

La tradición se mezcla con la mística y la historia se convierte en un cuento que se saborea lentamente. Hacer chocolate por legado familiar supone respetar una receta que viajó desde Europa escapando de la guerra para radicarse en la Patagonia. Una familia que, generación tras generación, sostiene y trabaja en la producción de un mimo para el alma: el chocolate. 

Mamusia es una chocolatería. Pero también otras tantas cosas más. Es un negocio familiar que levanta el estandarte de la tercera generación construyendo una dulce historia. Un espacio que encontró lugar no sólo para el chocolate en sus interminables formas e ingredientes, sino también para los dulces regionales, las velas artesanales y por último, los helados. Por todo eso es un multiespacio donde lo dulce y los buenos momentos son carta de presentación. Los años y su pertenencia a la historia de San Martín de los Andes le dan identidad y lo hacen parte de la comunidad. Es el primer chocolate de la ciudad y empieza en la cocina de Mamusia, la abuela de la familia.
La historia comienza en Polonia, en un campo de concentración que terminó por juntar a dos almas, los abuelos de Faustina, que hoy es quien nos cuenta su historia, y la de Mamusia. “Mis abuelos se conocieron en un campo de concentración, del cual por suerte escaparon. Llegaron a Inglaterra para esperar un posible destino, un lugar para empezar nuevamente. Ahí es donde por primera vez escucharon la palabra Argentina”, nos dice Faustina, entusiasmada con contar la historia. Buenos Aires los recibió sin mucho preámbulo y con su primera hija (madre de Faustina y de nacionalidad inglesa), nacida durante la travesía por mar. Corría el año 1948 y el desarrollo del país junto a la afluencia de inmigrantes hacía de Buenos Aires un conglomerado de colonias y oficios.
Eran muy jóvenes, tenían 28 y 30 años. Mi abuela se juntaba con todos los polacos: tu gente, tu familia y tus amigos eran aquellos que estaban pasando por lo mismo”, relata Faustina, haciendo carne la historia de sus abuelos. “En ese grupo había una familia de mucho dinero que tenía un campo aquí en la zona de Quillen. Ellos le ofrecieron a mi abuela venirse a ayudarlos como ama de llaves”, agrega.
Así esta familia daba sus primeros pasos en Patagonia. Vino primero Mamusia, la abuela, y al tiempo, Tatush, el abuelo, que además de tener oficio de zapatero, pronto comenzó a manejar los números de la estancia y a transformarse, confianza por medio, en algo así como un administrador de campos. “Ahí mi abuelo ya se las daba de contador”, dice Faustina entre risas. Su segunda hija nació en Quillen y cuando llegó el tiempo de enviarlas a la escuela, la familia decidió mudarse al creciente pueblo de San Martín de los Andes. “En San Martín comenzaron teniendo un almacén en una casa alquilada y después mi abuelo habló con sus amigos y les dijo que necesitaba 40.000 pesos para hacerse su casa y en esa época era así: todos lo ayudaron”, dice Faustina con algo de nostalgia de aquel pueblito que llegó a conocer. En esa época, 1969, San Martín era aún un poblado que comenzaba a pensar en el turismo y acogía a cuanto viajero y visitante buscaba radicarse. Así es como comienza, casi espontáneamente, la chocolatería: como un agasajo a la visita. Como una atención necesaria para cualquiera que pasara por las paredes de la pequeña casa recientemente construida.
Mamusia retomó la receta de su mamá y comenzó a hacer las primeras frutas secas e higos bañados, que ofrecía como postre o atención a quienes los visitaban. No pasó mucho tiempo para que llegara el primer encargo que la familia se diera cuenta de que allí podía haber un emprendimiento. La cocina de chocolate abría sus puertas.

De la casa a la chocolatería
Esquina emblemática del pueblo, Mamusia se levanta en un lugar estratégico y patrimonio arquitectónico de la ciudad. La historia del edificio que hoy alberga la chocolatería y heladería de Mamusia tiene larga data y no era justamente de chocolate de lo que se llenaban las manos. Allí funcionaba el antiguo Bar Lerín, bar de tragos y bochas que, aunque abandonado desde hacía años, conservaba esa fachada típica de las primeras construcciones de San Martín. El abuelo decidió comprarlo sin saber qué es lo que haría allí. Pero visionario y hombre de negocios, se hizo de una de las esquinas más codiciadas del lugar. “Tampoco tenía plata para hacer esto. Pero bueno: fue al banco y dijo que necesitaba 70.000 pesos. El banco se los dio. No le pidió nada. Todo era así en esa época, muy distinto”, dice sonriendo Faustina, tratando de describir la personalidad hacedora de su abuelo. Un recorrido temático muestra la antigua fachada y los espacios que son historia de este espacio que el tiempo fue haciendo chocolatería.

Los comienzos de la chocolatería
“Comenzó en casa, en su cocina. Por eso mi abuelo aún dice que “Mamusia no es una fábrica de chocolates sino una cocina de chocolate”, dice Faustina. La abuela hacía el chocolate y el abuelo, contador “aprendido”, manejaba los números y los viajes para traer todo lo que fuera necesario. En ese entonces no había alternativa que la de ir a buscar la materia prima lugar por lugar. “La chocolatería funcionó en nuestra casa hasta el `80. Durante 9 años funcionamos así, hasta que mi abuelo pudo acondicionar esta esquina. Había mucho por hacer: el techo estaba caído y había que revocar las paredes porque estaban hechas de adobe. Se pusieron ventanas nuevas, eliminando el vidrio repartido para que ingresara más luz y se agregó algo de la construcción hacia el lateral y atrás, nos cuenta Faustina haciendo memoria de su propia historia. En 1981 se abrió Mamusia en la esquina emblemática, única chocolatería del pueblo, marcando el rumbo de San Martín de los Andes como destino turístico. Luego se sumarían algunas otras chocolaterías provenientes de Bariloche. Pero la carta de presentación siempre fue Mamusia.

Un emprendimiento familiar
Mamusia en polaco significa “mamita” y a mi abuela le decimos “mamusia” (se pronuncia “mamusha”) y Tatus es “papito”: así llamámos a mi abuelo. Y el nombre quedó porque todos decían “vamos a comprar chocolate a lo de mamusia”.
Fue y es un negocio familiar. Desde su nombre siguiendo con todo lo que vino después. “Mi mamá y mi tía también se incorporaron a la chocolatería y fueron sumando nuevos productos y propuestas. Mi mamá tomó las riendas primero. Mi tía es médica y ha dedicada su vida a la medicina, su participación fue desde otro lugar pero también le puso su toque”, comenta Faustina armando el árbol genealógico del emprendimiento familiar.
Cuando la mayor de las hijas comenzó a ayudar, Mamusia pudo ir retirándose de a poquito, nunca del todo, del trabajo diario. Con esta incorporación se sumaron los dulces que son otro de los imperdibles del lugar. “Así como los hacía mi mamá en su olla y con el cucharón en la mano, hoy seguimos manteniendo el mismo proceso. Mis amigas aún recuerdan cuando nos juntábamos a sacar carozos para que mi mamá hiciera el famoso dulce de guinda”, agrega Faustina. Todo se fue dando con ese tinte casero. Primero para los amigos, como un mimo, y después incorporándose al negocio familiar. Ahora hay un sector en la fábrica que es “la dulcería”, donde varias personas se ocupan de hacer la misma receta que comenzó en casa. “Mi tía sumó las velas que aprendió a hacer en algún rincón hippie de La Plata”, dice Faustina. No importaba tanto qué se hacía sino que fuera hecho por la familia. Por eso el nombre “chocolatería y otras artes familiares”.
En el ´74 se incorporó la primera ayuda externa a la familia que, aunque no de sangre, pronto sería parte de la familia Mamusia. En aquel momento, las cosas eran muy diferentes y había personas que llegaban al pueblo y se las hospedaba, casi se las adoptaba como parte de la casa. Una de esas “visitas” fue una chica que comenzó a aprender el oficio y pronto se quedó para no marchar, como dice el dicho: aún hoy es parte de la chocolatería.
Hacer y ser parte de una empresa familiar siempre tienen sus retos”, nos dice Faustina y agrega: “Y muchas recompensas. No sólo es la familia directa sino que es la “gran familia”, los empleados, los que hacen a la empresa. Es muy loco ver como ellos tienen la camiseta puesta y sostienen con orgullo a la chocolatería”.
Sigue vigente en esta nueva generación ese espíritu emprendedor con ganas de crecer. “La responsabilidad es inmensa. Era de mi abuela, después mi mamá y ahora yo. Charlamos mucho antes de hacer cambios, escuchamos mucho a mi abuelo, no desconocemos de dónde venimos. Si bien vamos haciendo cambios e incorporando novedades y nuevas maneras de hacer las cosas, siempre lo hacemos entendiendo que somos el resultado de una historia”, no dice convencida Faustina. “Después de esa generación vinimos los nietos, que somos cuatro: Dana, mi prima, y yo nos hacemos cargo de la empresa. Para nosotros es muy natural, es lo que conocemos desde siempre. Imagínate que yo soy del ´76 y la chocolatería nació en 1972. Es toda nuestra vida”.
A partir de la llegada de esta generación se hicieron cambios grandes. Había que incorporar la comunicación y la relación con el pueblo. Ese vínculo de algo propio del lugar, valores de pueblo que por la afluencia de nuevas personas y fuerte crecimiento que ha tenido la ciudad, se desdibujaban y perdían un poco. “Queríamos encontrarnos nuevamente con la comunidad, la pertenencia de la marca a San Martín de los Andes y buscamos meternos nuevamente en los corazones. Somos parte de San Martín y San Martín es parte de esta familia”, dice Faustina con algo de emoción. Así el cambio generacional trajo un golpe de aire al chocolate y un nuevo comienzo, con una dinámica más moderna, sin perder la historia, que es justamente lo que los hace diferentes. “Los de San Martín volvieron a venir, volvieron a sentir a este lugar como su casa.  Y retomamos tradiciones, esas cosas que hacíamos en familia para las fiestas: en Pascuas jugábamos a la búsqueda de los huevos. Todo eso lo proponemos en nuestros productos, para que no se pierdan y sean parte de Mamusia, agrega Faustína.
Y ahora son sus hijos. “Ellos están viviendo lo mismo que nosotros pudimos disfrutar. Vienen con sus amigos y todos piden chocolate. Entran a la chocolatería con los ojos abiertos de par en par. Es muy lindo ver cómo esa magia sigue siendo parte de Mamusia como cuando yo era chica”, dice Faustina.

Aprender a hacer el chocolate
Si bien ahora hay algunas máquinas que ayudan, el proceso sigue haciéndose de forma manual. Llegan los panes de cacao y se derriten en ollas (iguales a esas enormes que la imaginación forma en mentes golosas), mezclando ingredientes y algún secreto de familia. Así las mejores almendras, las mejores nueces y todos esos ingredientes que intentan ser siempre de la zona, van conformando el mejor chocolate. “Buscamos que los productos que utilizamos sean de familias que vienen haciendo historia como nosotros: productores que trataron con mi abuelo cuyos nietos, o sea nosotros, ahora continúan el vínculo. Es muy lindo y hace único al chocolate que hacemos”, afirma Faustina.

LA FAMILIA
Somos 20 personas trabajando. Intentamos que el ambiente sea el mejor y realmente lo logramos: somos muchos pero todos tenemos la camiseta puesta. Soy de la idea que todo lo que cada uno está sintiendo en el momento de hacer el chocolate, es parte de ese chocolate. Por eso siempre estoy intentando que todos estemos lo mejor posible, para que el chocolate también tenga esa misma energía.” (Faustina).

LOS HELADOS
Elaborados y servidos con la generosidad de mamá, los helados llegaron sin mucho contratiempo, como las ganas de comerlo en una tarde de verano. “Ahora es un éxito que convoca mucho a los del pueblo y son riquísimos”, dice Faustina. Siempre son servidos con un chocolatito Mamusia incluso en los delivery, acción muy valorada por los consumidores. De alguna manera, valga la metáfora, fue un golpe fresco para que la comunidad volviera a la chocolatería, un encuentro cotidiano que no tiene el chocolate.

MAMUSIA
Avenida San Martín 601 esquina Mariano Moreno
San Martín de los Andes – Neuquén
Tel. 02972 427800

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