Ultimate magazine theme for WordPress.

AL ATAQUE DE LOS VOLCANES :: Patagonia | Argentina – Chile

VOLCANES-01 VOLCANES-02 VOLCANES-03 VOLCANES-04VOLCANES-05VOLCANES-06 VOLCANES-07 VOLCANES-08VOLCANES-10 VOLCANES-11 VOLCANES-12 VOLCANES-14 VOLCANES-15 VOLCANES-16

VOLCANES-OKPOR AIRE
FOTOS FRANCISCO BEDESCHI

La Patagonia propone imágenes y relatos que se transforman en romances eternos. Con esa mezcla fatal de belleza, peligro y aventura, los volcanes son algunas de las marcas registradas de la región. Un proyecto llevado adelante por Francisco Bedeschi implica no sólo fotografiar desde el aire a veinte de ellos. La idea, además, es hacer cumbre en todos. Hasta el momento el equipo ha subido a ocho: Domuyo, Copahue, Llaima, Villarrica, Lanín, Mocho-Choshuenco, Tronador y Osorno. Fragmentos de una historia asombrosa.

La Patagonia tiene horizontes infinitos, ocasionalmente recortados por los contornos precisos y singulares de los volcanes de la región.
La Patagonia, incomparable, propone distintos romances. Los pescadores con los ríos, los escaladores con las infernales paredes de granito, los esquiadores con el invierno, los bikers con los senderos. Francisco Bedeschi, quien ha recorrido muchos de sus infinitos caminos y escenarios, estableció como fotógrafo una relación particular con las montañas y los volcanes, fundamentalmente a partir de trabajos aéreos. «Volar la Patagonia genera una sensación extraordinaria, difícil de explicar. El vuelo permite descubrir las distintas expresiones de majestuosidad de los volcanes, que aparecen como de la nada y de inmediato se transforman en inevitables. Todo el mundo sabe que están allí, pero admirarlos desde arriba los transforma en aún más extraordinarios», explica (ver AIRE 26, Dioses de los Andes, primera nota)
Bedeschi trabaja desde hace tiempo en un libro que se titulará «Ascenso a volcanes patagónicos», un trabajo que, de muchas maneras, le fue sugerido por los propios volcanes. Ellos fueron los que generaron la «atracción original». En principio, cuenta, se produjo una búsqueda aérea, ya que hay volcanes como el Maca o el Yanteles (ambos en Chile) que sólo pueden descubrirse desde el cielo, desde las alturas fabulosas y mitológicas de Dédalo e íŒcaro. «La idea, luego, no fue sólo verlos: había que subirlos para tener la sensación y la certeza de que «saltar» de uno a otro era posible. El vuelo establece una relación de admiración con la montaña, mientras que el ascenso plantea una cuestión más íntima y más humana, en la que la fascinación pasa, casi de manera insolente, a un segundo plano».
Bedeschi siempre consideró que los buenos montañistas eran buenos fotógrafos (una reflexión que puede incluir muchos nombres propios, desde el padre Alberto De Agostini hasta Reinhold Messner, entre otros). Él es un fotógrafo, en cambio, que fascinado por las montañas aspira a transformarse en un montañista que disfruta del placer de caminar por ellas, con el peligro, las distintas seducciones y múltiples sensaciones que la sola idea implica. «No pretendo transformarme en un eximio andinista ni nada que se le parezca. Intento captar el espíritu y la belleza de los volcanes en buenas fotos».
La aventura de ascender volcanes se transformará en otro de sus libros temáticos (como lo fueron, por ejemplo, Fly Fishing. The Best Rivers of the Patagonia Argentina, Heliskiing Patagonia o Red Deer, ciervos colorados en la Argentina). «Un libro siempre está precedido por un concepto, por una idea y en este caso se trata de mostrar la Patagonia desde el aire y, particularmente, desde la perspectiva de veinte volcanes, de los cuales ya hemos hecho cumbre en ocho», puntualiza Bedeschi. Y agrega que las sucesivas expediciones, además de bellísimas, suponen muchas horas de vuelo, no son precisamente baratas e implican una gran logística, ya que se trata de volcanes que están ubicados en dos países, Argentina y Chile. «No sólo hay que volar. Hay que llegar a la cumbre y no cualquier día ni de cualquier manera: es indispensable hacerlo con buen tiempo. El viaje tiene un indiscutible sentido estético y como argumentaba Domingo Faustino Sarmiento, un viaje también vale la pena por la posibilidad implícita que tiene de ser de ser narrado. En este caso tal vez nos transformemos en los primeros tipos que subimos veinte volcanes al sólo efecto de mostrarlos y para contar una buena parte de la historia desde otra óptica: la historia de los volcanes desde los volcanes». La mirada asoma como inobjetable. «Es posible observar el Tronador mil veces. Pero una vez que llegaste arriba, todo se transforma, todos es diferente», asegura Bedeschi.
Ambos, montaña y caminante, se convierten en enamorados cómplices. La sensación no sólo parece ser extraordinaria. Acaso sea también intransferible. Los ascensos finalizarán en el Lautaro, en el Campo de Hielo Sur, en la Patagonia Austral, a la altura de El Chaltén. Hasta el momento Bedeschi y Hubert Gosse han hecho cumbre en los volcanes Domuyo, Copahue, Llaima, Villarrica, Lanin, Mocho-Choshuenco, Tronador y Osorno. Continuará.

Equipo completo
Francisco Bedeschi recuerda que lleva adelante este proyecto con su amigo Hubert Gosse, «un empresario belga y profundo amante de la Patagonia», con quien se encontró alguna vez a orilla del lago General Carrera, cuando trabajaba en la producción de un libro de pesca en la Patagonia chilena. Gosse intentaba cruzar el Campo de Hielo Norte. Cuando le contó su idea respecto a los volcanes, la respuesta fue inmediata: «Éste libro lo hacés conmigo». Ambos establecieron un acuerdo que es cada día más concreto y real. Gabriel Rapaport es el head guide de las expediciones en todos los volcanes, siempre acompañdo por Santiago Gallardo. Mercedes Sahores (la primera mujer argentina en subir al Everest), Moira Taylor y «Muchacho» Prebisch también suelen ser de la partida. «Todo empezó casi de forma casual. La montaña hizo el resto con su inexplicable hechizo. Es muy linda la sensación de estar en la cima de un volcán como el Mocho-Choshuenco, por ejemplo: hacia el norte se ve, a la izquierda, el Villarrica; el Lanín a la derecha y en el medio, el volcán Llaima. Seguís mirando y te encontrás con el Tronador y el Osorno, cuyas excelsas cumbres se destacan por sobre el resto. Echas otro vistazo y la satisfacción es total: estuvimos en todos», dice. –

También podría gustarte